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A la memoria de nuestra compañera Ana Mª Molero Alba

 
Saludos
A la memoria de nuestra compañera Ana Mª Molero Alba
by Bartolomé Delgado Cerrillo - Thursday, 10 March 2016, 9:41 AM
 
Quiero dedicar unas palabras a nuestra compañera Ana Mª Molero Alba, que nos ha dejado recientemente. Maestra de Primaria en el CEIP "Mirasierra" de Córdoba, fue también asesora de ámbito lingüístico del Cep "Luisa Revuelta" de Córdoba, precisamente en una época –allá por el año 2007– en que un equipo entusiasta de docentes de primaria y secundaria poníamos en marcha la primera red profesional de bibliotecas escolares en Córdoba. Una de las ocasiones en que coincidí con ella fue en una sesión de los Encuentros de Bibliotecas Escolares, que celebramos habitualmente en el citado Cep, el 28 de octubre de 2014. En esa sesión, y según consta en el resumen que redactó nuestra compañera Beatriz Martínez, a la sazón, también asesora del Cep, Ana nos facilitó las pautas para la puesta en marcha de la biblioteca escolar (reunión de un equipo de biblioteca, expurgo, catalogación, división de espacios y decisiones sobre la colocación de libros y la política de préstamos). Asimismo, nos indicó los pasos que debíamos seguir para continuar con la puesta en marcha de la biblioteca (compra de materiales, concurso y elección de la mascota de la biblioteca, presentación de la biblioteca a la comunidad educativa, horario de apertura para el alumnado y las familias, formación del alumnado colaborador, creación del blog de la biblioteca). Por otro lado, compartió con nosotros una gran cantidad de actividades destinadas a fomentar la animación a la lectura y a la escritura (guías de lectura para distintas épocas y efemérides, proyectos documentales, apadrinamiento lector, cuentacuentos, teatrillos, concursos de distintos tipos de relatos, caligramas, acrósticos, entre otros). Mostró una gran variedad de actividades dirigidas a alumnado de diferentes edades y pensadas para ser trabajadas antes de la lectura (presentación de personajes con descripción oral o escrita, ilustraciones desordenadas, marionetas con los personajes, etc.) y después de la lectura (elaboración de cuentos con distintas formas, mural con personajes y sus relaciones, elaboración de cuentos mediante presentaciones, creación de nuevas aventuras para los protagonistas, por citar tan solo algunos ejemplos).
Siempre recordaré a Ana como una mujer sabia, para vivir y para enseñar, porque escuchaba a niños y niñas como si la fueran guiando. La educación necesita de más personas que, como ella, sepan CONTAGIAR la sorpresa, el interés por descubrir, por preguntarse, por dibujar, por escribir, por reír, por tantas cosas... en definitiva por crear. Sabia porque daba amor a los niños y niñas que pasaban por su vida; porque inventaba todos los días una fiesta de la educación; porque su afán le hacía cantar sin ser cantante, mover muñecos sin ser titiritera, pintar sin ser pintora, bailar sin ser bailarina y actuar sin ser actriz; porque le dibujaba una cálida sonrisa a cada mañana helada y borraba lágrimas con su goma invisible; porque se movía en un mundo pequeño, se sentaba en sillas de juguete y escribía con marcadores multicolores con absoluta naturalidad. Algún día, quién sabe, sus alumnos y alumnas, con el paso del tiempo, caerán en la cuenta de que, de alguna manera, siguen habitando en ella, que el niño o a niña que dejaron de ser aún corre por las galerías de su alma.
A Ana, como a tantos otros docentes, no le importaba dedicar su tiempo libre a realizar numerosas actividades complementarias y extraescolares; he visto cómo inventaba mil excusas para atraer la atención hacia los libros y la lectura, cómo llevaba a su alumnado a visitar todo aquello que puede servir para orientarles en su vida y -lo que se ha quedado grabado a fondo en mi retina- cómo disfrutaba descubriendo los progresos de sus alumnos y alumnas. Y todo esto, hecho desde la voluntariedad y la entrega más generosa.
En las conversaciones que tuve con Ana, pude comprobar que distinguía claramente la instrucción de la educación, sabía que una formación positivista, basada exclusivamente en la formación académica, podrá permitir que se adquieran muchos conocimientos, pero nunca despertará el entusiasmo de la creatividad, de la imaginación y, por tanto, de la investigación y la invención; ella creía en “educar entre todos”, y hacía suya la frase que decía Giner de los Ríos: el papel de educar debe recaer tanto en el maestro como en los padres. Y es que Ana siempre fue una maestra que entendía la docencia desde el compromiso; mantenía con las familias una relación de apoyo y de franqueza; no ocultaba realidades, pero ofrecía toda su profesionalidad y su conocimiento para sacar adelante situaciones difíciles.
En todas las ocasiones en que he visitado su blog (Animación a la lectura y a la escritura: los asuntos de Ana), he sacado siempre la misma conclusión: toda una vida dedicada a la educación, favoreciendo una atmósfera confortable, humor, elogio, alegría, una actitud de entusiasmo positivo, permitiendo a su alumnado tiempo para reflexionar, interviniendo para chequear el progreso, para diagnosticar dificultades y estimulando el trabajo o las tareas, alentando el aprendizaje independiente, pero sobre todo viendo cómo cristaliza la Educación día a día en personas concretas. Con seguridad, nunca olvidaremos algo importante: su ejemplo.
No tenía conocimiento de que llevara tiempo luchando contra su enfermedad, ella tampoco dio señales de llevar tal peso encima. Todo lo contrario, sonreía como siempre. El aula era su felicidad y ella lo celebraba con un gesto discreto, porque la humildad de Ana era tan grande como su genio pedagógico. Su metodología no solo era una enseñanza útil para la educación, sino una pedagogía que, como tal, comprendía también una filosofía sobre el ser humano y la sociedad.
Querida Ana, amiga y compañera, en nombre de la Delegación Territorial de Educación de Córdoba, de los Centros de Profesorado, de la Red Profesional de Lectura y Bibliotecas Escolares, y en el mío propio, gracias por tu dedicación, tu esfuerzo, tu paciencia, tu tesón, a veces tus lágrimas silenciosas y a veces tu rabia que transformabas en una sonrisa que iba siempre al compás de tus labios. Gracias por tu mirada, que inspira confianza y que anima a continuar el sendero de la vida. Quiero terminar con una cita del profesor Ángel Gabilondo, el que fuera ministro de educación, que sintetiza a la perfección la trayectoria vital y profesional de personas como Ana Mª Molero Alba: Profesan su profesión. Ejercen lo que enseñan. Tienen nombre propio y en su tarea diaria están con aquellos de los que proclamamos una y otra vez que son nuestro porvenir
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Bartolomé Delgado Cerrillo.
Coordinador Provincial de Lectura y Bibliotecas Escolares.